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Parte VII

Abrí los ojos pero no vi nada. Estaba oscuro y mi cabeza daba vueltas. Sentía una presión en la cabeza, no podía pensar con claridad. Oía gritos. Tenía frío, no podía moverme. Después de unos minutos mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y vi donde estaba, encima de una mesa de piedra en una habitación oscura, mi cuello colgaba por el borde. Intenté incorporarme, me dolía todo el cuerpo. Los gritos no cesaban. Cuando puse incorporarme me senté encima de la mesa y miré a mi alrededor. Muros de piedra, humedad, una habitación pequeña. En la pared una estantería tallada con lo que parecía herramientas de acero y en frente un mueble bajo destartalado con vasos de metal, trapos y un cubo de agua. Dos velas se consumían a su lado.

Me acerqué a la puerta de la habitación, estaba cerrada, metálica. Alargué la mano para tirar de la manilla, antes de que mi mano la tocara... otro grito. Me detuve. Acerqué mi cara a la puerta para oír mejor, sin resultado, ahora no se oía nada. Pasé la mano suavemente por el borde, de arriba abajo hasta que encontré una irregularidad. Parecía que habían echo palanca y podía ver a través del hierro doblado. Al otro lado había un largo pasillo y al fondo una puerta abierta. Se veían siluetas caminando dentro de esa habitación. ¿Dónde estaba?.

Dejé de mirar y agarré la manilla, estaba fría, tiré hacia afuera. Sorpresa, la puerta se abrió. Antes de abrirla del todo miré por la rendija hasta que la sombra de la otra habitación desapareció. Salí al pasillo, la cabeza me palpitaba. Avancé lentamente, el suelo no crujía era de piedra. Caminaba con la mano apoyada en la pared, deslizándola lentamente, estaba muy oscuro. Al quinto paso sentí un gran dolor en mi mano, la aparté rápidamente. Luego noté el calor de la sangré corriendo lentamente por mi muñeca, oí las gotas caer al suelo. Me acerqué más a la pared para ver lo que había, era una ventana, estaba pintada de negro y agrietada por eso me había cortado. Los gritos en la habitación del fondo del pasillo volvieron. Puse la palma de mi otra mano sobre ella e hice una ligera presión.

Fue un error, la ventana cedió, se hizo añicos con un gran estrépito. Notaba como los trozos de cristal se clavaban en mi carne. Los gritos de la otra habitación cedieron, y oí como alguien corría. Me giré y vi una sombra acercarse rápidamente. No me lo pensé, puse un pié en la ventana y me impulsé. Tenía tanto miedo que me tiré por la ventana.

Después de unos segundos que me parecieron minutos mi cuerpo chocó contra el suelo. Dolor. Olor a hierba mojada, intenté incorporarme corriendo, el tobillo me dolía pero estaba tan nervioso que daba igual. Eché a correr hacia unos árboles, lo primero que vi. No paré de correr hasta que salí a una especie de claro. Y de repente la vi.

Estaba en mitad del claro, mirándome. Vaqueros gastados, llevaba el pelo suelto y una camiseta roja. Me dolía todo el cuerpo, no daba crédito pero lo primero que pensé fue ¿rojo?. Nunca la había visto llevar ropa de ese color y no me había dado cuenta hasta que se puso esa camiseta.
Ella me miró, su expresión era una mezcla entre confusión y un "llegas tarde". Avancé renqueante, ahora que había parado de correr me dolía más todo.

Ella no dijo nada, seguía mirándome de aquella forma y no se movía. La abracé, apoyé mi cabeza en su hombro y empecé a llorar. Estaba nervioso y no sabía que pasaba y no aguanté más. Después de unos segundos la solté, la había manchado de sangre. Solo se notaba en sus hombros donde no había tela, el rojo de su camiseta escondía el resto.

Entonces me dijo, -Tienes que hablar con la piedra-

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